European Year for Innovation and Creativity

El séquito gris

Activities

Communities

La siguiente visita ya fue a la Iglesia Ortodoxa de Covasint. El cura, un hombre joven, que siempre me cogía la libreta y el boli y escribía lo que quería decirnos, nos presentó la iglesia con la naturalidad con que los curas hablan de la historia: como algo secundario que, sin embargo, tiene que suceder a la luz cristiana. La pregunta se salía de nuestras bocas y se ponía a bailar como un  pequeño autómata hechos de sílabas: ¿Cómo fue la relación entre Iglesia ortodoxa y el comunismo? Se está tentado de responder que fue una relación adúltera, ya que son dos ideologías que exigen exclusividad pero permiten zonas grises que hacen más fácil la vida de los creyentes. El cura nos dio un ejemplo con un diálogo:

-Miembro del partido comunista: Hay órdenes de que la iglesia tiene que desmantelarse (El cura debía entender: Hay que hacer como que la iglesia está bajo nuestro poder, por lo que propón algo para que no la derrumbemos. ¿Qué vas a hacer?)

-Cura: No queremos ningún problema. ¿Qué tal si ponemos una estatua en homenaje a los caídos en la guerra cerca de la iglesia? (El miembro del partido comunista debía entender: Si hago esto, ¿me aseguras que no la derrumbarás?)

-Miembro del partido comunista: Buena idea (El cura debía entender: De momento, nos conformarnos con eso). Y así se iba cosiendo en los rumanos la resistencia de la iglesia ortodoxa rumana, y los comunistas mantenían su apariencia de gobernantes ajenos que se reservaban siempre una carta bajo el brazo. Ismail Kadaré en "Spiritus" explica la clave comunista para gobernar: ambigüedad, el palo y la zanahoria y paranoia. Otro ejemplo: El séquito gris: La élite de Ceaucescu asistiendo secretamente a misa.De vuelta al presente, le preguntamos por la variedad de religiones en Covasint. El cura dio cifras exactas para luego añadir que eran aproximadas, como si señalara con seguridad una puerta pero, con la misma seguridad, no supiera qué hay detrás. Que juzguen los números: 1778 ortodoxos, 250 Baptistas, 180 Adventistas y 400 Pentecostales (a su vez divididos en los 270 que asisten a una ceremonia especificamente para gitanos y los 130 para rumanos). Con esos datos, a los detectives domesticados nos surgen tres preguntas:

1) ¿Por qué hay en el pueblo iglesias de raíz protestante, que remiten más a americanos sonrientes que a un pueblo transilvano?

2) ¿Por qué se separaron los pentecostales en dos iglesias?(y a raíz de ello: ¿Se repite en las mismas iglesias ese patrón de separación, aunque sea de facto?)

y 3) ¿Cuál es la relación entre las iglesias de Covasint?

Respondamos a la última pregunta: Según el cura ortodoxo, no hay ninguna colaboración, ni encuentros entre curas ni entre creyentes, ni actividades conjuntas ni nada parecido a un intento (quizá en este caso adquiriría tintes de desespero) de ecumenismo. Respeto, afirmó el cura. Los creyentes y las iglesias se respetan entre sí, pero la separación entre ellos es total. Cinco representantes de Dios en un mismo pueblo, y ningún choque, según él. Quizá se dio un foco de conflicto en la división de los pentecostales, pero eso será motivo de otro artículo, quizá el siguiente.

¿Y la cuestión de la raíz protestante de algunas iglesias? La culpa es del oro de EEUU, del metal codiciado que reparte como chapas las sonrisas doradas. Fueron los rumanos que volvieron de la fiebre del oro en Norteamérica quienes trajeron esas religiones al pueblo. La primera, la baptista, en 1908. Uno puede imaginarse a ese rumano retornado, con dos líneas en la frente, las dos paralelas y las dos brillantes: la vuelta a casa y la nueva religión. La sensación de volver a casa remarcada por la buena nueva, que da un sentido fatal al regreso al pueblo. Tras mucho tiempo, cuando uno vuelve a casa, quiere tener la sensación de que se fue por algún motivo. Si ve que los objetos siguen igual y el tiempo sólo ha hecho crecer la balanza del polvo, la sensación se convierte en un tajo negra que, como un tatuaje del talón a la nuca, sólo trae tristeza.